Bajoriūnaitė

La idea nace a partir de la frase de Jean Dubuffet:

“El deseo de liberarse, o al menos de distanciarse, el deseo de explorar, de experimentar, de adoptar otras formas diferentes a las formas que la cultura nos ha impuesto (quiero decir: otra forma de mirar el mundo, otra manera de interpretarlo, otro vocabulario y, por tanto, otra forma de pensar), ese deseo existe: se encuentra en ciertas personas en mayor o menor medida. No es un mito”.

Llegó un momento en que no hacía nada. Comer, dormir y poco más. Vivía con mi madre a mis 28 años y era un mantenido. Había acabado mis estudios de fotografía y tenía que entregar el proyecto final, pero a la hora de entregar no tenía nada. Eran tiempos de pandemia, por lo que la fecha se pudo prolongar más de una vez.

Mientras vivíamos bajo el mismo techo, de vez en cuando sacaba alguna foto de momentos cotidianos hasta que me di cuenta de que tenía que hacerlo sobre ella. Me sentía como si la matara, porque ella se esforzaba en mantenerme haciendo trabajos físicos sin gozar de una buena salud, mientras yo me permitía no saber qué hacer con mi vida.

La falta de madurez y la irresponsabilidad de no coger las riendas de mi propia vida le iba a perjudicar directamente a ella. Para criar un hijo hay que sacrificar parte de tu vida. Invertir tiempo y salud para dar lo mejor que uno puede al otro sin esperar que le sea devuelto de la misma manera.

En la vida cambia todo, pero el amor de una madre es único y no habrá otra igual. Creo que he pensado demasiado en mí, fui un ignorante y egoísta. Cada persona tiene su vida, debe haber un equilibrio entre lo que se da y lo que se devuelve, para ser justos. Es un tema personal, sensible, porque creo que siempre es más difícil indagar dentro de tu propia familia que fuera. Esos momentos son necesarios. Hay que vivirlos para luego transformarlos.